Mariposas en el Ocaso
Para los amantes de la minificción, aquí les dejo esta pequeña historia que escribí hace poco.
Mariposas en el Ocaso
John caminaba impaciente rumbo a la casa de Summer, estaba decidido, por fin le diría lo que sentía por ella, la conoció en una noche de tragos con los colegas en un bar a unas calles del edificio en donde trabajaba.
Una mirada se transformo en una amena conversación, luego en una floreciente amistad y después de algunas cenas informales e idas al cine parecía terminaría en algo más.
Eran pasadas las seis cuando sucedió todo, el sol parecía ceder ante la brillante luna envestida con su túnica negra escarchada de estrellas; una mancha paso justo enfrente de sus ojos, obligándolo a entrecerrarlos, sintió un espasmo incontrolable que recorrió desde su cadera hasta su brazo izquierdo terminando en un ademán incomprensible, tosió en el aire respirando la mortal estela de polvo que dejo tras de si la misteriosa criatura, perdió el equilibrio, sus pies surcaron el aire y su nuca golpeo el suelo cerrando su boca y sus ojos para siempre. Ahí quedo, en el frío pavimento, con los ojos cerrados y los brazos abiertos, como fulminado por un rayo.
Un inexplicable ataque al corazón en un hombre de veintiocho años dictaba el informe médico.
Si preguntas a quienes lo conocieron bien te dirían que tal vez su corazón no resistió sentir felicidad de nuevo, después de que su prometida muriera en un infortunado accidente automovilístico en la carretera hacia ya dos años.
Las promesas de amor eterno van más allá del razonamiento humano e incluso pueden llegar a ser más fuertes que la misma muerte.
J. David